28 junio, 2026

Consumo privado: por qué las cifras oficiales chocan con la realidad de los comercios

El PIB argentino registró un crecimiento interanual del 2,3% en el primer trimestre de 2026, impulsado por un consumo privado que, según las cuentas nacionales, alcanzó máximos históricos. Sin embargo, este indicador contrasta con la caída en las ventas reales de supermercados y mayoristas, sectores que son la referencia inmediata de la actividad comercial. La explicación técnica es que el concepto de «consumo privado» incluye ítems ineludibles, como tarifas de servicios públicos y medicina prepaga, cuyos fuertes aumentos de precios impactan directamente en el valor total registrado, incluso cuando las cantidades consumidas por las familias se reducen.

El ministro de Economía, Luis Caputo, destacó la expansión económica como un éxito de gestión, señalando que la economía sumó ocho trimestres consecutivos de resultados positivos. No obstante, al desglosar los números del INDEC, la realidad muestra dos carriles separados: mientras las ventas en shoppings crecieron, los supermercados y autoservicios mayoristas registraron caídas interanuales del 3,7% y 5% respectivamente. Según expertos como el economista Fausto Spotorno, la metodología actual de medición presenta limitaciones: el sistema utiliza un «deflactor» que, ante un shock de precios en servicios regulados, no refleja con precisión el ajuste que deben hacer las familias en su estructura de consumo real, inflando el valor del indicador total.

Un aspecto central que desmitifica la sensación de «récord» es el análisis per cápita. Aunque el agregado del consumo privado marque números históricos, la situación cambia drásticamente al considerar el crecimiento poblacional. Los datos actuales se ubican un 3,1% por debajo del máximo registrado en 2011, confirmando que el bienestar medido en función de los habitantes aún no ha logrado recuperar los niveles de hace una década. Esta perspectiva, trabajada por organismos como el Ieral de la Fundación Mediterránea, permite observar que el crecimiento total de la economía no se traduce automáticamente en una mayor capacidad de consumo individual.

Finalmente, el informe advierte sobre la influencia de otros factores, como la falta de datos precisos sobre el comercio online, que podría estar capturando una parte del consumo no contabilizada en los registros tradicionales de comercios físicos. Mientras las exportaciones se consolidaron como el principal motor de la demanda —con un crecimiento interanual del 9,8%—, la formación bruta de capital fijo retrocedió, alertando sobre una inversión que aún no termina de despegar. En este escenario, la lectura de las cifras oficiales requiere, más que nunca, distinguir entre el crecimiento estadístico de los agregados macroeconómicos y la capacidad real de compra de los hogares argentinos.