Las ventas por el Día del Padre cerraron con una caída del 0,3% interanual, marcando cuatro años de retroceso consecutivo para una de las fechas comerciales más relevantes del calendario. La radiografía del consumo muestra a un comprador extremadamente selectivo que, ante la incertidumbre económica, priorizó artículos de menor valor y se volcó casi exclusivamente hacia aquellos productos alcanzados por cuotas, reintegros o descuentos. Mientras más del 80% de los comercios activó ofertas para atraer clientes, el resultado general expuso un mercado con el consumo todavía en terreno negativo.
El desempeño sectorial fue heterogéneo, aunque con una tendencia clara hacia los productos de gama accesible. Librerías e Indumentaria fueron los rubros que lograron encabezar el ranking con una suba del 2,1% interanual, seguidos por Electrodomésticos (0,8%) y Calzado y Marroquinería (0,4%). En contraste, la categoría de Equipos, periféricos, accesorios y celulares sufrió el impacto más fuerte con una baja del 6,1%, mientras que Cosméticos y perfumería cayó un 3,8%, afectados estos últimos por la migración de las ventas hacia canales digitales que ofrecen precios más competitivos. Con un ticket promedio que se situó en $78.986, la realidad comercial demostró que, sin herramientas de financiación agresivas, el movimiento en los locales físicos habría sido significativamente menor.
La mirada de los comerciantes reafirma la percepción de un enfriamiento generalizado. Solo una minoría de los encuestados por la CAME consideró que la festividad fue un motor determinante para sus ventas, mientras que la mayoría definió el impacto como moderado o nulo en términos de facturación real. La constante búsqueda de conveniencia llevó a que muchos consumidores utilizaran los locales físicos como espacios de consulta para luego cerrar la transacción en plataformas de e-commerce, planteando un desafío adicional para el comercio minorista tradicional, que sigue lidiando con la presión sobre la rentabilidad en un mercado donde el precio es el factor excluyente de decisión.
A futuro, este escenario plantea interrogantes sobre la capacidad de recuperación del consumo minorista en las próximas fechas clave. El enfriamiento no solo responde a una cuestión estacional, sino a una administración del ingreso familiar que se ha vuelto más estricta, priorizando el gasto de bolsillo frente a cualquier otro estímulo. Para el sector, el desafío persiste en sostener la actividad frente a una rentabilidad comprimida y un consumidor que, si bien responde a las promociones, mantiene una cautela generalizada que limita el repunte de los niveles de venta observados en años anteriores.

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