28 junio, 2026

Masacre en San Diego: dos adolescentes armados atacaron la mayor mezquita de la ciudad, mataron a tres personas y se suicidaron

El brutal ataque sacudió al estado de California y es investigado por las autoridades federales como un crimen de odio. Una alerta familiar previa, notas con discursos de odio y el accionar heroico de un vigilador privado que evitó una tragedia aún mayor.

Una nueva tragedia armada con tintes de intolerancia religiosa conmocionó al estado de California tras confirmarse que dos adolescentes perpetraron un mortal tiroteo en la mayor mezquita de la ciudad de San Diego. El sangriento episodio se registró durante las primeras horas del lunes, cuando los dos jóvenes irrumpieron en el centro religioso fuertemente armados y abrieron fuego contra los presentes, asesinando en el acto a tres personas antes de emprender una fuga que culminó poco después cuando ambos, aparentemente, decidieron quitarse la vida. Entre las víctimas fatales civiles fueron identificados dos fieles de la comunidad islámica local, Mansour Kaziha y Nader Awad, junto al guardia de seguridad del establecimiento, Amin Abdullah, quien según las pericias policiales iniciales desempeñó un rol heroico y fundamental al interponerse en la línea de fuego, logrando ganar segundos valiosos para que el resto de los devotos pudiera ponerse a resguardo y evitando así que la matanza fuera considerablemente peor.

El caso despertó una fuerte polémica en torno a los protocolos de prevención debido a que, dos horas antes de que se desatara la balacera, la madre de uno de los agresores se había comunicado con la línea de emergencias de la policía de San Diego para denunciar formalmente que su hijo se había escapado de la vivienda en compañía de un amigo. La mujer advirtió con desesperación a las fuerzas de seguridad que el menor se había llevado su automóvil particular y varias de sus armas de fuego reglamentarias, detallando además que ambos adolescentes vestían trajes de camuflaje militar y presentaban conductas sumamente inestables con posibles tendencias suicidas. A pesar de la gravedad de la presentación civil, el jefe de la policía local, Scott Wahl, ensayó una controvertida defensa de la fuerza durante una conferencia de prensa al argumentar que el comportamiento reportado inicialmente no resultaba del todo consistente con un cuadro de autoflagelación tradicional.

Las líneas de investigación criminal y los peritajes de los investigadores federales se orientan de forma unánime hacia la hipótesis de un ataque terrorista de matriz supremacista o islámfoba. Esto se sustenta en el hallazgo de una detallada carta de despedida manuscrita por uno de los atacantes, cuyo contenido incluía una fuerte retórica cargada de discursos de odio doctrinario, aunque el jefe policial Wahl aclaró que el texto no especificaba una amenaza explícita o direccionada hacia esa mezquita en particular ni hacia ningún individuo de la comunidad islámica local. El hecho vuelve a encender los debates globales respecto al fácil acceso de los menores de edad al armamento de guerra en el territorio norteamericano y la vulnerabilidad estructural que sufren los centros de culto de las minorías religiosas ante el avance de discursos extremistas radicalizados en las plataformas digitales.