28 junio, 2026

Una familia necesitó casi $1,5 millones para no caer en la pobreza en mayo

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que la inflación de mayo alcanzó el 2,1%, consolidando una tendencia a la baja en el índice general. Sin embargo, el impacto en el poder adquisitivo sigue siendo significativo: una familia tipo necesitó al menos $1.498.741 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y no quedar por debajo de la línea de pobreza, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) escaló un 2,4% en el mismo período.

El informe detalla que la CBT, que engloba tanto bienes como servicios esenciales —incluyendo vivienda y alquiler, servicios públicos, transporte, educación, salud, indumentaria, equipamiento del hogar y artículos de higiene personal—, registró una variación mensual del 2,0%. Por su parte, la CBA, que define la indigencia al medir el costo de una dieta saludable basada en los hábitos de consumo locales, presentó un avance del 2,4%. En términos interanuales, ambos indicadores mostraron incrementos del 36,2% y 34,9%, respectivamente, lo que pone de relieve la persistencia de la presión sobre los ingresos familiares.

Para una familia tipo compuesta por dos adultos y dos niños, el umbral para no ser considerada pobre se situó en los mencionados $1.498.741. En lo que respecta a la alimentación estricta, la misma unidad familiar debió destinar $681.246 mensuales para cubrir sus requerimientos nutricionales mínimos, cifra que asciende a los $716.521 en aquellos hogares integrados por cinco miembros. Estos valores marcan una referencia ineludible para comprender la realidad socioeconómica actual, donde el ritmo de los aumentos, si bien muestra signos de desaceleración respecto a meses previos, sigue afectando la capacidad de cobertura de las necesidades básicas de la población.

Este escenario refleja una dinámica donde el costo de los servicios y bienes indispensables continúa escalando por encima de la capacidad de recomposición salarial de gran parte de los trabajadores. La persistencia de la inflación en los rubros de primera necesidad, especialmente en los alimentos, actúa como un factor distorsivo que erosiona el ingreso real, forzando a muchas familias a reestructurar sus hábitos de consumo. La brecha entre lo que una familia tipo percibe y el costo real de mantener una calidad de vida que satisfaga las necesidades básicas sigue siendo el punto de mayor vulnerabilidad en el esquema social actual.

Ante este panorama, la estabilidad lograda en el índice general de precios es vista por los analistas como un avance positivo, pero aún insuficiente para aliviar la presión sobre los sectores de ingresos medios y bajos. La divergencia entre la desaceleración del índice general y el encarecimiento de los productos básicos de consumo diario genera que la percepción de mejora económica se dé de manera fragmentada.