Un exhaustivo relevamiento sectorial elaborado por la Fundación Pro Tejer expuso la gravedad de la recesión que golpea a las hilanderías y talleres de confección en todo el territorio nacional, con una contracción productiva que ya se ubica un 30% por debajo de los niveles registrados en el período anterior.
La parálisis fabril, caracterizada por un promedio de siete de cada diez máquinas inactivas durante el primer trimestre del año, coincide con un avance histórico en la importación de producto terminado y un marcado deterioro en los indicadores de ocupación formal regulados por el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
La pérdida de competitividad sistémica de las manufacturas locales responde a una pinza macroeconómica que combina la destrucción del poder de compra con una agresiva modificación del esquema de comercio exterior. Las estadísticas oficiales de la Fundación Pro Tejer detallaron que la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado sufrió un retroceso interanual del 23,3% en marzo, un desplome traccionado por la apreciación cambiaria y un incremento del 79% en el volumen de indumentaria importada, que alcanzó un récord histórico de 23.482 toneladas. Desde la Cámara Industrial de la Indumentaria (CIAI) advirtieron que esta apertura no se orientó a la adquisición de insumos o materias primas para la industrialización local, sino al reemplazo directo de la mano de obra nacional, forzando a las pymes textiles a vender mercadería por debajo de sus costos operativos para asegurar niveles mínimos de liquidez y liberar la acumulación excesiva de stock en sus depósitos.
Las consecuencias de este reacomodamiento de mercado afectaron de forma directa la sustentabilidad de los establecimientos y los puestos de trabajo en los principales polos de confección. El procesamiento de las declaraciones juradas del SIPA arrojó una caída del 18% en el empleo asalariado del sector, consolidando la destrucción de 22.156 puestos de trabajo registrados y la desaparición formal de 803 establecimientos productivos en un lapso de apenas un bimestre. Frente a una inflación general que promedió el 32,4% interanual en abril, la categoría de vestimenta apenas pudo ajustar sus valores un 12,7% debido a la debilidad extrema de la demanda doméstica, un escenario que empujó al 50% de las firmas analizadas a ejecutar despidos y planes de retiro no reemplazados, mientras los directivos fabriles alertan que la persistencia de las persianas bajas amenaza con desmantelar de forma definitiva capacidades de inversión que requerirán décadas para volver a reconstruirse.

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