El mercado laboral atraviesa una etapa crítica. Con una contracción mensual del 0,1% y una caída interanual del 1,4% en abril, la destrucción de empleo formal no da tregua. El desplome de 329.667 puestos asalariados en menos de dos años refleja un proceso de deterioro que, lejos de encontrar un piso, muestra indicadores adelantados de mayo con una tendencia persistente a la baja. Las empresas, ante la incertidumbre, han aumentado el porcentaje de firmas que proyectan reducir sus plantillas, lo que ubica a las expectativas netas de contratación en su nivel más bajo de los últimos dos años.
El impacto ha sido generalizado, afectando tanto al trabajo en relación de dependencia como a los trabajadores autónomos y monotributistas. El sector privado, motor del empleo registrado, encadena once meses de contracción ininterrumpida, con una pérdida de más de 11.600 puestos en un solo mes. Mientras que el empleo público y el servicio doméstico mostraron variaciones marginales positivas, estas no llegan a compensar el derrumbe del sector privado. El reporte oficial subraya que la reducción afectó a casi todas las categorías, frenando el proceso de recuperación que se había intentado consolidar entre finales de 2025 y los primeros meses de 2026.
Al analizar por actividad, la Pesca (-5,9%), la Industria Manufacturera (-0,3%) y el Comercio (-0,3%) se encuentran entre los sectores con mayores dificultades para sostener sus dotaciones de personal. A nivel geográfico, el contraste es marcado: mientras Neuquén se sostiene como una excepción dinámica con un crecimiento del 0,6%, otras provincias como Tierra del Fuego, Catamarca y Misiones enfrentan retrocesos significativos que superan el 1% mensual. La disparidad regional confirma que la crisis no golpea a todas las jurisdicciones con la misma intensidad, dejando en evidencia las dificultades estructurales de las economías provinciales que dependen de los sectores industriales más castigados por la coyuntura.
Las perspectivas hacia adelante ofrecen un escenario de cautela extrema. El informe de la Secretaría de Trabajo arroja que, si bien una pequeña porción de empresas planea incrementar su personal, el grupo de firmas que prevé disminuir sus dotaciones ha crecido del 2% al 2,8%, dejando un saldo neto positivo casi nulo. Con una economía que no logra dinamizar la contratación y un sector privado que continúa recortando gastos ante la retracción del consumo, el mercado laboral se prepara para un trimestre —junio, julio y agosto— de estancamiento, donde la prioridad de las empresas parece estar más enfocada en la supervivencia que en la expansión de su fuerza laboral.

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