La mesa de los argentinos atraviesa un cambio estructural. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra), el abastecimiento interno de carne vacuna registró una caída interanual del 11,5% durante los primeros seis meses de 2026, situándose en el nivel más bajo desde mediados de los años noventa. La combinación de precios que superan la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y el desvío de la producción hacia los mercados externos ha configurado una crisis de consumo sin precedentes en las últimas tres décadas.
La magnitud del retroceso es elocuente: el consumo aparente en el semestre se ubicó en 1.019.430 toneladas res con hueso, lo que representa casi 132 mil toneladas menos que en el mismo período de 2025. Este desplome se refleja directamente en el consumo per cápita, que descendió a 47 kilos por habitante al año, una caída del 8,2% respecto al año anterior. La explicación de este fenómeno es multifactorial, pero tiene en el encarecimiento de los precios relativos a su protagonista principal. Mientras el índice general de precios acumuló un incremento del 33,5% en los últimos doce meses, el rubro carnes y derivados escaló un 45%, con una suba específica de los cortes vacunos del 53,6%.
La presión inflacionaria sobre productos de alto consumo popular, como la carne picada (con un aumento del 56,2%) y el asado (54,3%), ha forzado a las familias a modificar sus hábitos alimentarios, volcándose hacia proteínas sustitutas, principalmente el pollo, cuyos precios crecieron a un ritmo significativamente menor. Esta retracción en la demanda local se vio agravada por una oferta limitada: la faena de hacienda sufrió una baja del 8,9%, totalizando 6,02 millones de cabezas, producto de un proceso prolongado de liquidación de existencias que aún no logra revertirse.
A esto se suma una dinámica de mercado donde las exportaciones han ganado terreno sobre el abastecimiento doméstico. Mientras la producción total de carne cayó un 6,2%, las exportaciones se incrementaron un 10,2%, absorbiendo el 28,6% de la producción total, frente al 24,4% del año pasado. De esta forma, el mercado interno, que históricamente ha sido el principal destino de la producción nacional, vio reducida su participación del 75,6% al 71,4%. Con estos indicadores, el primer semestre de 2026 se consolida como el piso histórico de consumo, planteando un desafío complejo para un sector que busca, en el mediano plazo, una recomposición del rodeo y una normalización de la disponibilidad de hacienda.

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