El mapa del endeudamiento en el mercado interno expone realidades marcadamente opuestas de cara al cierre del primer semestre.
Según los últimos balances consolidados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), los créditos al consumo volvieron a contraerse en términos reales durante el último mes debido a los elevados índices de morosidad de la cartera y a la desaparición de los planes de cuotas sin interés. Por el contrario, el financiamiento destinado a los sectores productivos y comerciales anotó una mejora real superior al tres por ciento, impulsado por un escenario de tasas de interés activas más bajas y previsibles que incentiva la toma de capital de trabajo por parte de las firmas locales.
La retracción del financiamiento destinado a las familias y particulares acentúa una tendencia recesiva que comenzó a consolidarse hacia finales del año pasado. Los informes sectoriales elaborados por la consultora LCG confirman que las colocaciones nominadas en pesos hacia el sector privado de consumo sufrieron un retroceso del 1,2% mensual en términos reales, asumiendo una inflación mensual proyectada del 2,2%, lo que representa una contracción interanual que retrotrae los niveles de actividad a las peores marcas de las temporadas previas. El segmento de las tarjetas de crédito fue uno de los que evidenció los desempeños más débiles del circuito financiero, registrando apenas un incremento nominal del 1,1% promedio; un fenómeno que las auditorías de First Capital Group atribuyen tanto al congelamiento preventivo de los límites de compra ejecutado por las entidades prestamistas como a la falta de incentivos por parte de los deudores para utilizar los plásticos en un contexto de desaceleración del índice general de precios y escasez de promociones a tasa cero.
En sintonía con este repliegue de los medios de pago electrónicos, las líneas de préstamos personales continuaron paralizadas por la fuerte prudencia que impera en los departamentos de riesgo de las entidades comerciales. Este comportamiento se explica fundamentalmente por los niveles récord de mora en el sector que alcanzaron el 14,2%, forzando una oferta mucho más restrictiva de las carteras hasta tanto no se regularicen los ratios de incumplimiento de los tomadores individuales. Asimismo, las alternativas con garantía real arrojaron comportamientos dispares entre sí: mientras que los créditos prendarios crecieron un 0,9% promedio nominal quedando por debajo de la inflación estimada, los créditos hipotecarios se ubicaron en el lote de mayor resistencia con una suba punta a punta del 2,5%, equiparando las proyecciones de los índices de precios al consumidor del periodo examinado.
La contracara absoluta de este estancamiento doméstico se localiza en el ecosistema corporativo, donde el abaratamiento del costo del dinero comenzó a descongelar las decisiones de inversión y giros comerciales de las empresas. El financiamiento productivo experimentó una expansión real neta del 3,3% mensual, traccionado por la aceleración en el stock promedio de la línea de documentos, que avanzó un 3,9% nominal, y por el fuerte repunte del saldo de los adelantos en cuenta corriente, que anotó una suba del 3,4% de punta a punta del mes. De acuerdo a los operadores financieros, la reducción en el esquema de tasas de referencia del mercado convalida una reactivación genuina de la demanda de pesos por parte de las tesorerías empresarias, las cuales abandonan paulatinamente la cautela para cubrir necesidades operativas inmediatas al amparo de una expectativa inflacionaria que los analistas consideran bajo control institucional.

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