Teherán denunció que las «exigencias excesivas» de la administración de Donald Trump paralizan las negociaciones bilaterales que se desarrollan bajo la mediación de Pakistán. Mientras el canciller iraní Abás Araqchi advierte que los desacuerdos siguen siendo profundos en torno al bloqueo de puertos y la situación en Líbano, informes de inteligencia en Washington revelan preparativos militares para posibles ataques inminentes.
La frágil tregua que rige en el plano internacional corre serio riesgo de quebrarse definitivamente ante el estancamiento de los canales diplomáticos y los crecientes movimientos de tropas en las principales potencias en pugna. Este sábado, el gobierno de la República Islámica de Irán acusó formalmente a los Estados Unidos de sabotear el proceso de pacificación mediante la imposición de exigencias desmedidas y posiciones contradictorias en las mesas de negociación coordinadas por las autoridades de Pakistán. Durante una comunicación oficial de urgencia con el secretario general de la ONU, António Guterres, el canciller iraní Abás Araqchi ratificó que, pese a la profunda desconfianza hacia la Casa Blanca, su país mantuvo un enfoque responsable para alcanzar un resultado equitativo, pero advirtió que el diálogo se encuentra paralizado. La tensión en la región se profundizó tras el arribo a Teherán del jefe del ejército pakistaní, el mariscal Asim Munir, quien mantuvo extensas reuniones con la cúpula diplomática persa en un intento desesperado por impedir una inminente escalada militar en el golfo.
El escenario de hostilidades latentes se vio potenciado por drásticos cambios en la agenda del presidente estadounidense Donald Trump, alimentando las versiones sobre una inminente orden de ataque en el transcurso del fin de semana. El mandatario republicano canceló su asistencia a la boda de su hijo Don Jr. para permanecer en Washington alegando estrictos «asuntos de Estado», al tiempo que reunió de urgencia a su Consejo de Seguridad para evaluar la situación en el tablero de Medio Oriente. De manera paralela, cadenas norteamericanas como CBS News revelaron que el Pentágono coordina planes de contingencia para ejecutar posibles bombardeos selectivos contra objetivos iraníes antes del próximo lunes. Aunque Trump declaró públicamente que los dirigentes iraníes están desesperados por firmar un acuerdo, el portavoz de la cancillería en Teherán, Esmail Baqai, replicó que los puntos en disputa son estructurales e incluyen el bloqueo naval de los puertos iraníes, el estatus del programa nuclear y el control del estratégico Estrecho de Ormuz, una hidrovía clave por donde circula una quinta parte del petróleo crudo y gas del planeta.
La inestabilidad política regional impacta de lleno en los países vecinos y expone la debilidad de los acuerdos previos en los teatros de operaciones satélites. Monarquías como la de Catar, severamente perjudicadas por los efectos económicos del conflicto iniciado el pasado 28 de febrero, redoblaron sus misiones de mediación alternativa enviando delegaciones civiles a la capital iraní, mientras que el ejército ideológico persa —los Guardianes de la Revolución— amenazó con extender las acciones militares mucho más allá de la región si la soberanía territorial es vulnerada. En tanto, la violencia no da tregua en el territorio de Líbano, donde los bombardeos ejecutados por las fuerzas de Israel violan sistemáticamente el cese del fuego vigente con el grupo proiraní Hezbolá. Las incursiones aéreas sobre localidades como la histórica ciudad de Tiro dejaron un saldo de diez muertos en las últimas horas, elevando la cifra trágica a al menos 3.111 víctimas fatales en suelo libanés desde el inicio de la ofensiva el 2 de marzo, consolidando un panorama de extrema volatilidad internacional.

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