La firma estadounidense bajará definitivamente las persianas de su planta de Pueblo Esther en octubre, dejando a 70 trabajadores en la calle. La fábrica era la proveedora exclusiva de las butacas de la Chevrolet Tracker y su salida profundiza el complejo escenario de un sector que opera con actividad intermitente.
El entramado industrial y la cadena de valor automotriz sufrieron un duro revés tras confirmarse el cese de operaciones de una autopartista clave en el polo productivo del litoral. La multinacional de capitales norteamericanos Adient, encargada de la fabricación y provisión exclusiva de las butacas para el modelo Chevrolet Tracker, anunció el cierre definitivo de su planta fabril ubicada en Pueblo Esther, provincia de Santa Fe, pautado para el próximo mes de octubre. La drástica medida empresarial contempla la desvinculación total de sus 70 operarios actuales, una dotación que ya venía sufriendo un severo proceso de achicamiento desde el año 2019, cuando el establecimiento contaba con más de 200 empleados directos. A partir de la clausura de la planta argentina, la firma reconfigurará su estrategia logística regional y comenzará a abastecer la demanda de General Motors directamente desde sus instalaciones industriales ubicadas en Brasil, acelerando el proceso de sustitución de mano de obra local por componentes importados en un contexto de marcada recesión doméstica.
Desde la conducción de General Motors Argentina salieron a calmar las alarmas sectoriales aclarando que esta decisión de negocios autónoma de su proveedor no compromete la continuidad operativa de su propia planta de Alvear, reafirmando su permanencia comercial en el país a través de una matriz productiva que calificaron como sustentable. Sin embargo, fuentes del sector admitieron que Adient se encontraba sumamente vulnerable al depender de un único cliente institucional, cuya actividad fabril viene experimentando un marcado deterioro tras la discontinuación del modelo Chevrolet Cruze a fines de 2023, una pérdida que recortó la producción de la terminal automotriz a la mitad. Ante este escenario adverso de desabastecimiento de piezas y caída de ventas, la planta de Alvear debió reestructurar su plantilla laboral, pasando de 1.200 operarios a una dotación actual de 600 trabajadores tras registrar cerca de 800 bajas entre despidos y retiros voluntarios durante los últimos dos años.
La situación de crisis no es un fenómeno aislado sino que se inscribe en una contracción generalizada del sector autopartista nacional, con indicadores de la cámara AFAC que muestran un retroceso del 9,7% en el primer trimestre de 2026 en comparación con el mismo período de 2025. El sindicato mecánico SMATA intervino en el conflicto laboral logrando el compromiso de la patronal para abonar el pago total de las indemnizaciones de ley junto con un bono económico adicional, al tiempo que iniciaron gestiones urgentes para intentar reubicar a los operarios despedidos en otras plantas de la región, una tarea que reconocen compleja ante la parálisis general del sector. Las proyecciones para lo que resta del año continúan siendo desfavorables, previéndose que la terminal de General Motors mantenga un esquema de actividad intermitente con suspensiones de una semana por mes cobrando el 75% del salario, una dinámica defensiva orientada a administrar stocks frente a un mercado interno deprimido que el año pasado apenas arañó la fabricación de 20.000 unidades anuales, muy lejos del techo histórico de 55.000 vehículos alcanzado una década atrás.

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