La salida de Manuel Adorni se formalizó este sábado, poniendo punto final a un ciclo marcado por investigaciones por enriquecimiento ilícito y una creciente presión opositora en el Congreso. Aunque el Presidente intentó blindar a su jefe de ministros frente a las críticas, la incesante filtración de información desde la Justicia —centrada en el patrimonio del funcionario y el uso cuestionable de recursos públicos— tornó insostenible su permanencia. La decisión, orquestada con precisión por Karina Milei y el asesor Santiago Caputo, busca cerrar un foco de conflicto que amenazaba la estabilidad del Gabinete y las perspectivas electorales del oficialismo.
El punto de quiebre se aceleró esta semana, cuando en el entorno presidencial comprendieron que no existía forma de controlar el goteo de información judicial derivado de la causa que lleva el fiscal Gerardo Pollicita. Lo que comenzó como un respaldo incondicional por parte de Javier Milei y su hermana —quien incluso llegó a cuestionar las «operaciones del periodismo»— se transformó en un cálculo de daños una vez que las explicaciones de Adorni sobre su patrimonio, incluida la polémica mención a una «billetera fría», resultaron insuficientes. La estrategia de la «espera táctica» fue la que utilizó Karina Milei para convencer al Presidente de la inviabilidad de mantener a un funcionario que, según temían los estrategas libertarios, podría enfrentar un procesamiento inminente.
En la reconfiguración del tablero político, el nombre de Diego Santilli, actual titular de Interior, surge como el sucesor natural para ocupar el despacho de la Jefatura de Gabinete. Aunque el dirigente del PRO prefería mantener su enfoque en la construcción de una candidatura para la gobernación bonaerense, la urgencia de dotar al Gobierno de una figura con mayor trayectoria política y capacidad de contención obligó a un enroque necesario. La transición, ejecutada mientras el Presidente cumplía con una agenda internacional exprés en Madrid, incluyó un rol activo de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, quien se mantuvo como una de las pocas piezas de contención afectiva para el jefe de Estado durante el complejo proceso.
La salida de Adorni no solo cierra un capítulo de turbulencias, sino que abre interrogantes sobre su futuro inmediato y su posible refugio en estructuras como YPF, lo cual le brindaría el respaldo económico necesario para afrontar las causas judiciales en su contra. Mientras el Gobierno intenta dar vuelta la página, la lección que deja este episodio es la consolidación del triángulo político que realmente toma las decisiones: Milei, Karina y Caputo. La relación con aliados como Patricia Bullrich también se vio fortalecida tras este desenlace, ya que la jefa de los senadores oficialistas fue una de las primeras en advertir sobre la urgencia de apartar a Adorni para evitar un costo político mayor.

Más historias
Las Fuerzas Armadas argentinas ya operan en Venezuela para asistir tras la devastación de los terremotos
La estrategia de la fragmentación: la reaparición de Berni como motor de tensión interna
Revés para el Gobierno: la Corte Suprema ratificó la cautelar que obliga a cumplir con el Financiamiento Universitario