El Gobierno enfrenta meses críticos con niveles de aprobación bajos y una interna que divide a los sectores más cercanos al Presidente.
El Gobierno Nacional encara meses decisivos que definirán el éxito de su plan económico. Con la mirada puesta en una reactivación para el segundo semestre, Javier Milei utilizó sus redes sociales para ratificar el rumbo y solicitar cautela a la población. Sin embargo, detrás de la narrativa oficial, la gestión convive con una preocupante suba de la mora crediticia y una interna política que amenaza con paralizar la administración.
Un informe reciente de la consultora 1816 encendió las alarmas al revelar que la mora en los créditos a familias escaló al 11,2%, reflejando una asimetría respecto al sector corporativo. Desde el entorno presidencial minimizan la responsabilidad estatal y apuntan contra los bancos, acusándolos de no saber prestar en un mercado sin asistencia pública. Pese a esto, en Balcarce 50 confían en que la baja de tasas y la estabilidad cambiaria generarán condiciones óptimas para un rebote hacia agosto.
En el plano político, el clima es de desconfianza. El oficialismo observa con sospecha el surgimiento de proyectos presidenciales alternativos y las presiones para desplazar a Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete. Aunque el Presidente y Karina Milei ratificaron al funcionario, su figura quedó erosionada ante otros libertarios de alto rango. El malestar interno se traduce en una «picadora de carne» donde pocos ministros están dispuestos a asumir roles de mayor exposición ante eventuales cambios.
La tensión se extiende al ámbito judicial. El avance de investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito, lideradas por el juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita, es interpretado por el Ejecutivo como una señal de alerta de Comodoro Py. El «karinismo» monitorea de cerca estas causas, mientras los operadores judiciales intentan contener una avanzada que podría mermar la gobernabilidad en un contexto de aprobación social en niveles críticos.
Con la decisión de que el propio Presidente asuma un rol más activo como vocero de la gestión, el Gobierno apuesta a centralizar el mensaje. El éxito de esta estrategia dependerá de si la economía real comienza a dar señales de alivio antes de que las disputas entre los bandos internos terminen por desgastar definitivamente la inercia del equipo ministerial.

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