27 septiembre, 2026

Irán desafía las nuevas amenazas económicas de Estados Unidos y descarta cambiar su postura en la guerra

La República Islámica enfrenta una fuerte crisis económica, con una inflación interanual del 87,9% y unos 450.000 empleos perdidos en el último año. Aun así, el gobierno iraní aseguró que no modificará su posición ni reabrirá el estrecho de Ormuz.

La República Islámica de Irán aseguró que está preparada para enfrentar el nuevo escenario de presión económica anunciado por Estados Unidos y descartó modificar su postura frente a la guerra o reabrir el estrecho de Ormuz, pese al deterioro de sus principales indicadores económicos.

Irán lleva décadas bajo sanciones económicas estadounidenses que restringen su capacidad para comerciar internacionalmente y afectan especialmente la venta de petróleo, uno de los principales recursos de su economía.

A estas medidas se sumó el bloqueo impuesto por Estados Unidos contra buques y puertos iraníes en el estrecho de Ormuz en el marco del conflicto.

Ahora, el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció lo que calificó como “la operación económica más devastadora jamás emprendida contra cualquier país” y la definió como un “DÍA D económico” contra Irán. El objetivo, según planteó, es presionar para poner fin a una guerra que se aproxima a los seis meses y conseguir la reapertura de Ormuz.

En Teherán, la respuesta de las autoridades fue de desafío.

“Ya hemos visto esta película antes. La misma historia. Diferentes matones”, afirmó en X el ministro iraní de Exteriores, Abbas Araqchi, en referencia a las distintas campañas de sanciones aplicadas por Washington durante los últimos años.

En la misma línea, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, sostuvo que las nuevas medidas estadounidenses “no tendrán efecto en la posición de Irán” frente a la guerra.

Una economía cada vez más golpeada

A pesar de la firmeza del discurso oficial, la situación económica iraní atraviesa un momento crítico y continúa deteriorándose.

La inflación interanual alcanzó en julio el 87,9%, mientras que el incremento registrado específicamente en alimentos y bebidas llegó al 128%.

El desempleo también aumentó durante el último año: pasó del 7,3% al 9,1%, acompañado por la pérdida de aproximadamente 450.000 puestos de trabajo, según datos oficiales. Estas cifras, además, no contemplan los cerca de dos millones de empleos que se estima que se perdieron durante la guerra.

El deterioro económico alimenta el malestar entre los habitantes, que enfrentan una pérdida constante de poder adquisitivo y mayores dificultades para acceder a productos básicos.

“Cada día somos más pobres y hasta nos cuesta adquirir los productos básicos. No sé hasta qué punto vamos a poder soportar esta situación desastrosa. Las familias están sufriendo mucho”, relató a EFE Nahid, una mujer de 64 años que vive en Teherán.

La mujer explicó que su familia redujo el consumo de carne y que actualmente opta principalmente por pollo, debido a su menor precio frente a la carne vacuna.

Otra vecina de la capital, Fatima, de 39 años, aseguró que tiene dificultades para alimentar a sus hijos y que frutas y carne están desapareciendo progresivamente de su dieta.

“Al final, siempre somos la gente normal y los más necesitados quienes pagamos el precio de la guerra y los conflictos”, sostuvo.

Estados Unidos prepara nuevas sanciones

La presión económica podría incrementarse todavía más con las nuevas sanciones anunciadas por Washington. Por el momento, Estados Unidos no detalló cuáles serán las medidas, aunque el secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que los países que proporcionen “cualquier tipo de ayuda vital a Irán” también enfrentarán consecuencias económicas.

Entre los principales socios comerciales de Irán se encuentra China, que compra alrededor del 90% del petróleo iraní a precios reducidos. Ahora resta conocer cuál será la respuesta de Beijing frente a las nuevas medidas estadounidenses.

Otro socio económico importante era Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, esta semana anunció la suspensión de sus relaciones comerciales, intercambios mercantiles y transacciones financieras con Irán.

Antes del inicio de la guerra, Abu Dabi figuraba entre los principales socios económicos de Teherán y representaba cerca del 30% de las importaciones iraníes, que alcanzaron los 21.000 millones de dólares en 2024, según datos de la Organización Mundial del Comercio.

Pese al deterioro económico y al creciente malestar social, los analistas consideran poco probable que Irán modifique su posición únicamente como consecuencia de la presión económica.

En ese sentido, Danny Citrinowicz, investigador del programa iraní del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel (INSS), sostuvo que, si el propósito de la campaña es provocar el colapso de Irán o forzar a sus dirigentes a rendirse y aceptar concesiones estratégicas, es poco probable que consiga ese objetivo.