11 mayo, 2026

Escándalo en el quirófano: la trama detrás del uso recreativo de propofol en médicos

Un informe revela cómo profesionales de áreas críticas acceden fácilmente a drogas de alta potencia para «apagar la cabeza» ante el estrés y la presión laboral.

La aparición de cuerpos con vías conectadas y jeringas de fentanilo en domicilios particulares ha destapado una olla a presión en el sistema sanitario. Lo que comenzó como un rumor en los pasillos de los hospitales Italiano y Rivadavia se convirtió en una causa penal que ya tiene a dos profesionales procesados por administración fraudulenta y robo de sustancias. Según la investigación, el propofol —un potente sedante de uso exclusivo hospitalario— habría sido desviado para realizar «viajes controlados» fuera del ámbito médico.

Expertos del sector aseguran que, si bien el abuso de sustancias por estrés y depresión es un tema estudiado hace décadas, el fenómeno actual presenta un componente de frivolidad inédito. La denuncia de la Asociación de Anestesia (AAARBA) detalla que residentes habrían sido vistos bajo los efectos de la droga en pleno servicio, mientras que audios virales sugieren la existencia de fiestas donde especialistas administran dosis leves de anestesia a domicilio mediante bombas de infusión y monitoreo profesional.

La muerte del anestesiólogo Alejandro Zalazar y del enfermero Eduardo Bentancourt marcó el punto de inflexión. En los allanamientos realizados en countries y departamentos de Capital, los peritos hallaron ampollas vacías de midazolam y fentanilo, confirmando que el acceso a estas drogas es, en palabras de los propios médicos, «una pavada». Mientras la Justicia intenta determinar si además de drogas se robó equipamiento de alta complejidad, la comunidad médica se debate entre la contención de sus profesionales y la condena por el riesgo de vida al que se exponen.

El caso, que ya suma embargos millonarios y cruces de declaraciones entre jefes de servicio y familiares, revela el lado más oscuro de la medicina actual: profesionales que utilizan su propio conocimiento para «apagar la cabeza» en entornos clandestinos. La investigación continúa con pericias telefónicas que podrían comprometer a más residentes y médicos de renombre en lo que ya se perfila como la mayor crisis ética y sanitaria de los últimos años en la región.