27 septiembre, 2026

El éxito no alcanza: qué hay detrás del síndrome del impostor, un fenómeno psicológico que afecta a figuras y profesionales

Muchas veces, el éxito y los logros profesionales no alcanzan para sentirse suficiente. Qué hay detrás de este fenómeno psicológico y por qué también afecta a personas reconocidas.

Dudas persistentes sobre uno mismo y sobre la validez de los propios logros, la atribución del éxito a factores externos y la irrefrenable sensación de convertirse en un fraude —y ser descubierto— son algunas de las características del síndrome del impostor. Se trata de un fenómeno psicológico descrito hace poco más de 40 años que puede afectar a cualquier persona, sin eximir a figuras de renombre.

Entre las personalidades que reconocieron sufrirlo se encuentran Tom Hanks, Taylor Swift, Bella Hadid, Lady Gaga, María Becerra y la escritora argentina Mariana Enriquez, quien señaló: «Lo tenebroso es ser una mujer de mediana edad que cuando no sufre síndrome de impostora sufre por la juventud perdida». El término fue acuñado a fines de 1970 por las psicólogas estadounidenses Pauline Clance y Suzanne Imes durante un estudio sobre mujeres de alto rendimiento.

¿De qué hablamos y a quiénes afecta?

El síndrome se caracteriza por la sensación de no ser capaz, inteligente o suficientemente competente, aun cuando existan pruebas concretas de lo contrario. Quien lo padece cree que sus logros se deben a la suerte o a la ayuda de terceros, experimentando un gran temor al fracaso, a decepcionar y a no estar a la altura de un ideal interno inalcanzable.

  • Diferencias de género: Si bien puede afectar a cualquier género, las especialistas señalan que en las mujeres suele manifestarse mediante dudas sobre sus capacidades, mientras que en los hombres prevalece la presión por demostrar competencia o evitar pedir ayuda.
  • Síntomas comunes: Duda constante, dificultad para aceptar elogios, autosabotaje, ansiedad, estrés, sobreexigencia y una constante comparación.

Origen y cómo superarlo

El terreno propicio para este cuadro suele abonarse en la infancia a través de mensajes descalificantes en el ámbito familiar, falta de confianza parental, exposición inadecuada por parte de docentes o crianzas con niveles muy elevados de exigencia.

Para desandar este camino, los especialistas recomiendan:

  • Reconocimiento temprano: No naturalizar ni minimizar el sufrimiento, y buscar ayuda profesional.
  • Trabajar la autovaloración: Apropiarse de las decisiones y aprender a registrar los logros propios en lugar de aplicar una «contabilidad tramposa» que solo memoriza los errores.
  • Aceptar la falibilidad: Comprender que tener dudas no equivale a ser incompetente, y que es posible aceptar las propias faltas sin dejar de ser valiosos y merecedores de reconocimiento.