27 septiembre, 2026

El empleo privado formal registró su segunda caída mensual consecutiva

La merma del trabajo registrado se profundiza pese al avance de rubros como la minería, el petróleo y el agro. En paralelo, el Gobierno apuesta por el crédito hipotecario para intentar reactivar la construcción y generar nuevos puestos.

El mercado laboral formal continúa siendo uno de los flancos más débiles de la economía argentina. El empleo privado registrado volvió a caer en junio, con un retroceso del 0,1% mensual, y dentro de ese universo los asalariados privados repitieron esa misma baja.

No se trata de un tropiezo puntual, sino de una tendencia que se sostiene de manera prácticamente ininterrumpida desde junio de 2025, con la única excepción de febrero de este año, cuando el nivel se mantuvo estable. La magnitud acumulada del fenómeno es contundente, ya que desde diciembre de 2025 se perdieron cerca de 46.000 puestos asalariados privados registrados, y si la comparación se extiende hasta noviembre de 2023, la caída trepa a unos 246.300 empleos.

Asimetría sectorial: el peso de los perdedores frente a los ganadores

Para comprender por qué ocurre esto conviene mirar la composición sectorial del empleo. La actividad económica se divide entre sectores perdedores (industria, construcción y comercio), que en 2025 concentraban cerca de la mitad del empleo asalariado privado registrado, y sectores ganadores (agro, minería, petróleo, intermediación financiera y actividades inmobiliarias), que explicaban apenas un 23%.

Esa asimetría estructural es la clave del problema: aun cuando los sectores dinámicos crezcan con fuerza, su menor peso en el empleo total les impide compensar la sangría de los rubros en retroceso. Desde junio de 2025, los sectores ganadores perdieron alrededor de 18.100 puestos, mientras que los perdedores destruyeron cerca de 93.000.

A esto se suma un cambio de fondo: la incorporación de tecnología y la búsqueda de productividad —como el uso de inteligencia artificial en el sector financiero— hacen que los rubros pujantes generen empleo con menor intensidad que en el pasado.

Recomposición de la calidad y enfriamiento de la actividad

La caída del empleo privado formal no refleja la totalidad del mercado laboral. Si bien el empleo público se redujo un 2,6% frente a fines de 2023, esas mermas fueron parcialmente compensadas por un incremento del 4,8% del empleo informal. Lo que ocurre, en rigor, no es tanto una destrucción neta de puestos como una recomposición de su calidad, con trabajo formal que se pierde y trabajo informal que ocupa ese lugar.

Las perspectivas continúan marcadas por el enfriamiento de la actividad. En julio, la industria manufacturera cayó un 5% mensual, la construcción un 4,6% y la minería retrocedió un 0,9%. Como consecuencia, el consenso de los analistas recortó su previsión de crecimiento para 2026 al 2,1%, advirtiendo que sin una recuperación generalizada que alcance al mercado interno difícilmente repunte el empleo formal.

El crédito hipotecario como herramienta de reactivación

En paralelo al escenario laboral, el fondo que administra los ahorros previsionales puso en marcha una licitación de plazos fijos ajustables por inflación para fondear créditos hipotecarios, colocando un total de $200.000 millones.

La medida impulsó a varias entidades a reducir sus tasas y fijar topes máximos, aunque los analistas señalan que la recuperación del crédito todavía se encuentra lejos de sus máximos históricos, ubicándose un 45% por debajo del pico de la gestión anterior y un 65% por debajo de 2018. El panorama se completa con una estrategia del Tesoro para administrar vencimientos en pesos mediante instrumentos combinados, a la espera de que la estabilidad financiera se traduzca finalmente en una mejora de la actividad y del empleo.