La economía a nivel global crecerá un 2,9%, mostrando mayor resiliencia de lo esperado, mientras que la proyección de crecimiento del organismo para la Argentina se ajustó al 2,6% para este año.
Pese al impacto de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, la economía global mostraría una resistencia superior a las expectativas. Según estimaciones de la OCDE, el amortiguador fiscal aplicado a las tarifas energéticas y la fuerte tracción de las inversiones en inteligencia artificial compensarán parcialmente los shocks externos, aunque el organismo advirtió por la elevada volatilidad.
De esta manera, la OCDE mejoró levemente su proyección para la economía global en 2026, incrementando en una décima su estimación de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial hasta fijarla en un 2,9%, tras el 3,4% registrado el año pasado. Para 2027, prevé que el crecimiento alcance el 3% gracias a una relajación gradual de los precios de los combustibles y una baja de la inflación. Sin embargo, advirtió que las perspectivas siguen dependiendo de la evolución del conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán.
La proyección para la Argentina
En el plano local, la OCDE prevé que la economía argentina pierda impulso tras registrar un crecimiento del 4,5%. El organismo multilateral recortó sus perspectivas de expansión para este año al 2,6% (una baja de 0,2 puntos) y ajustó la estimación para el año siguiente al 3,0% (-0,5%).
No obstante, el informe destaca que «se espera una mayor desinflación en Argentina», proyectándola en el 30,8% para este año, «a pesar de los obstáculos que plantean los costos de la energía y los fertilizantes». En cuanto al resto de la región, México y Brasil se ubican con mejores perspectivas para sortear las presiones geopolíticas actuales.
El factor climático y los riesgos globales
Entre las mayores amenazas globales, la OCDE señaló el impacto de los fenómenos meteorológicos extremos, advirtiendo que el fenómeno de El Niño podría alcanzar su punto máximo hacia finales de año. Esto, sumado a interrupciones en el suministro de fertilizantes, podría incrementar las presiones sobre los precios de los alimentos y afectar la producción agrícola en las economías más expuestas de América Latina, África y la región de Asia-Pacífico.

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