La producción filmada en escenarios reales de Tucumán y emitida por elnueve se alzó con tres estatuillas clave, incluyendo Mejor Ficción. El consagrado Luciano Cáceres se llevó el galardón a Mejor Actor y el director Eduardo Pinto lanzó un fuerte reclamo en defensa de la industria audiovisual argentina y las historias del interior.
La industria audiovisual argentina vivió una noche histórica y de profunda reivindicación federal durante la última entrega de los Premios Martín Fierro, donde una producción gestada en el corazón del norte argentino se consolidó como la gran revelación y protagonista de la ceremonia. La miniserie «Tafí Viejo, verdor sin tiempo», una obra rodada casi en su totalidad en la provincia de Tucumán que tuvo su pantalla en la televisión abierta a través de elnueve y su desembarco digital en la plataforma Flow, logró imponerse con autoridad al cosechar tres de las seis estatuillas para las cuales se encontraba nominada por la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA). La ficción tucumana se consagró en los rubros de Mejor Ficción, Mejor Dirección para Eduardo Pinto y Mejor Actor para Luciano Cáceres, logrando relegar a su principal competidora directa de la noche, el thriller psicológico «La voz ausente», que debió conformarse con los premios a mejor actriz para Gimena Accardi y mejor guion.
La trama argumental de esta aclamada producción de seis episodios de 50 minutos cada uno combina de forma milimétrica el drama romántico clásico con un agudo retrato social y político de la región. La historia sigue los pasos de Ana, una joven oriunda de Buenos Aires que se traslada al norte para resolver litigios sucesorios en torno a unas tierras familiares, un viaje temporal que cambia de rumbo al entablar un apasionado romance con Mauro, un joven trabajador ligado estrechamente a la emblemática e histórica comunidad ferroviaria de Tafí Viejo. A partir de este vínculo afectivo, el guion escrito por Pinto junto a Gabriel Macías y Natalia Torres desentierra viejas heridas del pasado, traiciones familiares y marcadas diferencias de clase, utilizando como telón de fondo la memoria viva de los talleres ferroviarios locales y los imponentes parajes naturales de las yungas tucumanas, elevando a la geografía provincial al rango de un personaje activo dentro del relato.
El triunfo en la gala de APTRA se transformó, asimismo, en una potente plataforma de expresión política y gremial en defensa del fomento cultural y la descentralización de los recursos de producción. Al subir al escenario para recibir el premio a Mejor Actor por su participación especial, Luciano Cáceres elogió el misticismo histórico, citrícola y ferroviario de la ciudad norteña, al tiempo que lanzó un dardo discursivo al manifestar su orgullo por la emisión del ciclo en la televisión abierta y defender el rol de la educación pública y los maestros en tiempos de desfinanciamiento estatal. En esa misma línea combativa, el director Eduardo Pinto celebró haber comandado un equipo técnico donde el 70% de los actores y realizadores fueron profesionales locales, concluyendo con un enérgico llamado a que el país recupere de forma urgente sus niveles de soberanía e industria audiovisual para poder seguir narrando las virtudes y los conflictos de la sociedad civil.

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