El INDEC dibujó una desaceleración de casi un punto, pero la realidad muerde: en solo cuatro meses ya se pulverizó la meta de todo el año. Mientras Alimentos dio un respiro, los tarifazos de luz y el costo de los alquileres asfixian al Gran Buenos Aires.
El Gobierno de Javier Milei finalmente consiguió el número que tanto buscaba para su narrativa de «normalidad»: la inflación de abril fue del 2,6%. Tras diez meses de una inercia que no cedía, el INDEC reportó una desaceleración, pero el festejo oficial en redes sociales choca de frente con un dato demoledor: en apenas cuatro meses, la inflación acumulada (12,3%) ya barrió con el 10,1% que el propio Ejecutivo había proyectado para todo el 2026 en el Presupuesto. ¿Éxito económico o una calma ficticia sostenida por el desplome del consumo?
Aunque el IPC nacional bajó 0,8 puntos respecto a marzo, la «casta» de los precios regulados no dio tregua. El rubro Transporte (4,4%) lideró las subas por los constantes hachazos en los surtidores, seguido de cerca por la Educación (4,2%), que sigue castigando a la clase media bonaerense.
GBA bajo presión tarifaria:
Si bien el promedio nacional suena a alivio, el informe del INDEC revela una disparidad territorial preocupante:
- Tarifazos y Alquileres: En el Gran Buenos Aires (GBA), el rubro «Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles» fue el de mayor incidencia. El impacto de las nuevas tarifas de luz y la desregulación total de los alquileres impidieron que la baja se sintiera en las billeteras de los vecinos.
- El espejismo de los Alimentos: La categoría de Alimentos subió «solo» un 1,5%. Si bien el número es bajo, los especialistas advierten que no se debe a una mejora en la producción, sino a que la gente simplemente dejó de comprar. En las góndolas de las regiones Pampeana y NOA, este rubro sigue siendo el que más empuja la variación mensual.
Festejo en las redes, ajuste en la calle:
«Retornando a la normalidad», disparó Milei desde su cuenta de X, acusando de «golpistas» a quienes cuestionan su programa. Por su parte, Luis Caputo sacó pecho afirmando que es el mejor abril desde 2017 (sin contar la pandemia). Sin embargo, el IPC Núcleo del 2,3% demuestra que la inflación básica sigue viva y coleando, alimentada por los costos de restaurantes y gastos conexos a la vivienda que no paran de subir.
Con un acumulado interanual del 32,4%, el «sendero decreciente» que pregona el oficialismo es, por ahora, un alivio estadístico que no llega a las cajas de los supermercados de barrio. En mayo, con nuevos ajustes previstos en servicios, se verá si este 2,6% fue un quiebre real o un simple respiro antes de que los precios regulados vuelvan a golpear la puerta de los bonaerenses.

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