Con una desocupación del 16% en el sector, el empleo registrado aparece como un privilegio difícil de alcanzar. El impacto psicológico de vivir «al día»
El mercado laboral argentino exhibe hoy una fractura profunda que tiene a los jóvenes como principales víctimas. Mientras la desocupación general se mantiene en el 7,5%, entre quienes tienen de 14 a 29 años la cifra escala al 16%. Pero el dato más alarmante no es solo la falta de trabajo, sino su precariedad: el 60% de los jóvenes que logran insertarse lo hacen en la informalidad, sin aportes, obra social ni estabilidad. Este escenario ha provocado un quiebre cultural: 6 de cada 10 jóvenes de barrios populares ya no creen que el trabajo sea un motor de ascenso social.
La falta de experiencia y la alta rotación en puestos de baja calificación suelen ser las barreras de entrada. Sin embargo, cuando se logra quebrar ese techo de cristal del empleo «en negro», la vida cambia por completo. Así lo reflejan los testimonios de Frida Janampa (25) y Axel Apaza (22). Para Frida, hoy analista en ciberseguridad, el empleo formal significó poder proyectar su carrera con seguridad. Para Axel, que trabaja en una tienda de regalos, el cambio fue cotidiano: «Antes no sabía si iba a tener plata para la semana. Ahora puedo organizar mis gastos y tengo obra social y aguinaldo», relata.
La diferencia entre la supervivencia y la planificación a futuro radica, muchas veces, en programas de formación que actúan como puente. Organizaciones como la Fundación EMPUJAR trabajan justamente en acortar la distancia entre las empresas y los jóvenes de contextos vulnerables. Los resultados son contundentes: 7 de cada 10 jóvenes que pasan por estas capacitaciones mantienen su puesto de trabajo formal después de un año y medio, demostrando que la estabilidad laboral es la herramienta más potente para reconstruir las expectativas de progreso.
En un contexto donde la informalidad alcanza a nueve millones de trabajadores en todo el país, el empleo joven se convierte en el termómetro más sensible de la crisis. El acceso a un recibo de sueldo no es solo un trámite administrativo; para miles de bonaerenses, es la posibilidad de volver a soñar con un futuro fuera de la incertidumbre.
La batalla contra la informalidad juvenil sigue siendo el gran desafío pendiente. Historias como las de Frida y Axel demuestran que, con formación y oportunidades claras, el trabajo puede volver a ser ese gran ordenador social que hoy parece haberse perdido en los márgenes de la economía.

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