El equipo nacional vivió una jornada cargada de épica en Estados Unidos. Aunque Inglaterra se adelantó a los 54 minutos mediante un tanto de Anthony Gordon, Argentina no perdió la calma ni la convicción. El ingreso de Nicolás González revitalizó el ataque y, en un desenlace electrizante, Enzo Fernández igualó el encuentro a los 85 minutos, para que luego Lautaro Martínez, tras otra asistencia magistral de Messi, sentenciara el 2-1 definitivo sobre la hora. El campeón del mundo sigue en carrera y defenderá su corona ante «La Roja» en Nueva Jersey.
El encuentro, rodeado de una carga emocional extra por el contexto histórico, comenzó con un desarrollo disputado y táctico. Inglaterra, bajo la dirección de Thomas Tuchel, mostró solidez defensiva hasta que el gol de Gordon pareció inclinar la balanza. Sin embargo, el planteo conservador de los ingleses en los minutos finales —al intentar refugiarse cerca de su área— le permitió a la Argentina volcarse en ataque. La jerarquía de Messi fue el faro que iluminó la remontada: el capitán, con dos asistencias quirúrgicas, demostró una vez más su vigencia y capacidad para desequilibrar en los momentos de mayor presión.
La victoria no solo significa el pase a la final, sino que reafirma la chapa de candidato de este equipo, que ya tiene garantizado el partido definitorio tras haber superado un camino complejo. Mientras la Albiceleste celebraba su pase a la final con una bandera que recordaba la soberanía sobre las islas Malvinas, el rival del próximo domingo ya estaba definido: España, que dejó en el camino a Francia, será el último obstáculo en la búsqueda de la gloria. Por su parte, el seleccionado inglés cerrará su participación mundialista este sábado, disputando el tercer puesto ante los franceses en Miami.
El MetLife Stadium de Nueva Jersey será el escenario donde, el próximo domingo desde las 16:00, se definirá al nuevo campeón del mundo. Argentina buscará su segunda estrella consecutiva y la tercera en su historia reciente, frente a un seleccionado español que llega con un andar arrollador. El duelo promete ser un choque de estilos entre el pragmatismo y la resiliencia argentina frente a la propuesta de fútbol de posición que caracteriza a «La Roja». La mesa está servida para una final que ya se anticipa como un clásico moderno del fútbol mundial.

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