La negativa del mandatario provincial busca marcar un límite claro frente a lo que considera una gestión nacional que ignora los pedidos de diálogo. Desde el entorno del gobernador dejaron trascender que, aunque agradecieron la invitación cursada por el gobierno tucumano, la prioridad de Kicillof es canalizar cualquier contacto con el Poder Ejecutivo nacional a través de instancias de trabajo formal, evitando así las fotos protocolares en el marco de una fecha patria que estará fuertemente condicionada por el clima político.
El trasfondo del reclamo es profundo y se asienta sobre una deuda que la provincia de Buenos Aires estima en $17,8 billones, motivo por el cual Kicillof ya ha presentado ocho denuncias ante la Corte Suprema de Justicia. La falta de respuesta por parte de los funcionarios libertarios ha llevado al gobernador a endurecer su postura, optando por no participar de actos donde la puesta en escena política prevalece sobre la resolución de las urgencias de gestión. Para el gobierno bonaerense, asistir a Tucumán en este contexto hubiera significado validar un vínculo que hoy, en los hechos, se encuentra cortado por la ausencia de canales institucionales de negociación.
Por su parte, Osvaldo Jaldo, quien mantiene una relación pendular con la administración libertaria, intentó reunir a un grupo significativo de mandatarios provinciales en una demostración de unidad. Sin embargo, el evento se verá atravesado por la interna nacional, dada la confirmada presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien mantendrá una agenda propia y distante de la comitiva presidencial. Este escenario de fractura en la cúpula del gobierno nacional no hace más que reforzar la decisión de Kicillof, quien busca posicionarse como una alternativa sólida frente a las políticas de ajuste de la Casa Rosada.
La estrategia de Kicillof también contempla la necesidad de mantener los puentes abiertos con los distintos sectores del peronismo de cara a la construcción electoral del próximo año. Al rechazar la foto con Milei, el gobernador evita el desgaste de aparecer cercano a una gestión que, en sus términos, no solo desfinancia a las provincias, sino que se niega a reconocer los reclamos básicos de sus administraciones. Con este movimiento, el bonaerense reafirma su rol como principal contrapeso opositor, exigiendo que cualquier contacto con el oficialismo sea estrictamente operativo y orientado a la gestión de los recursos provinciales.

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