11 mayo, 2026

Salud mental: por qué los jóvenes están peor que los adultos y cuál es el «escudo» de los argentinos

Un estudio global sobre 2,5 millones de personas revela una brecha alarmante: el bienestar emocional de los jóvenes de 18 a 34 años es casi tres veces menor que el de los mayores de 55. La crisis se explica por el uso temprano de celulares, la mala alimentación y la falta de espiritualidad, pero Argentina resiste gracias a la fortaleza de sus lazos familiares.

El bienestar psicológico de las nuevas generaciones enfrenta un deterioro sin precedentes a nivel mundial. Según el informe Global Mind Project, las personas de entre 18 y 34 años registran niveles de salud mental notablemente más bajos que los adultos mayores de 55, una tendencia que no distingue entre países ricos o en desarrollo. Mientras que los mayores alcanzan un promedio saludable de 101 puntos en la escala de bienestar (MHQ), los jóvenes apenas llegan a los 36 puntos, dejando a un 41% de la población juvenil en la necesidad de atención clínica urgente.

La investigación identifica cuatro factores críticos que explican este malestar generacional: el acceso temprano a smartphones (especialmente antes de los 13 años), el consumo masivo de alimentos ultraprocesados, la pérdida de un sentido de espiritualidad y el debilitamiento de los vínculos familiares. En países desarrollados como el Reino Unido o Japón, donde el acceso a la tecnología es total y los lazos tradicionales se han diluido, los puntajes de salud mental son los más bajos del mundo.

Sin embargo, el informe destaca a Argentina como un caso particular. El país se ubica a la vanguardia internacional en la fortaleza de sus vínculos familiares: el 70% de los jóvenes argentinos mantiene lazos cercanos con su familia, una cifra que actúa como un «factor protector» decisivo. Esta red de contención local ayuda a mitigar el impacto de otros riesgos, como el entorno digital o la alimentación, posicionando a los jóvenes argentinos con mejores herramientas emocionales que sus pares de potencias económicas.

En cuanto a otros factores, Argentina presenta un rango medio en espiritualidad y consumo de ultraprocesados. El estudio advierte que, si bien el país tiene una base sólida en lo afectivo, es fundamental retrasar el uso intensivo de tecnología en la infancia para evitar síntomas de desconexión y ansiedad que ya afectan a la «Generación Z» en todo el planeta.

Los expertos concluyen que el aumento de la inversión en psicólogos y psiquiatras no es suficiente para revertir la crisis. La solución requiere un cambio estructural en los hábitos cotidianos: reforzar la presencialidad familiar, mejorar la calidad de lo que comemos y limitar la exposición a las pantallas. En este escenario, la cultura del encuentro argentina se presenta no solo como una tradición, sino como una herramienta vital de supervivencia emocional.