11 mayo, 2026

Andrés Calamaro: «Me asumo como intérprete y no practico la nostalgia, eso secuestra el presente»

En la previa de su gira nacional «Como cantor», que llegará a Mar del Plata y Bahía Blanca, El Salmón reflexiona sobre el rock, el nuevo público joven y el deterioro cultural. «Soy el Drácula argentino», afirma con su ironía habitual.

Andrés Calamaro está de vuelta en la ruta. Mientras recorre el país con su gira «Como cantor», el ícono del rock nacional se tomó un tiempo para reflexionar sobre su presente, el choque generacional y la realidad argentina. Con cuatro shows agotados en Buenos Aires en el horizonte, el músico asegura que atraviesa una etapa de perfeccionamiento como intérprete, alejándose de los festejos de aniversarios y las efemérides que, según él, solo distraen del «tiempo real» de la música en vivo.

Fiel a su estilo mordaz, Calamaro no ahorró críticas para la cultura contemporánea y el impacto de las redes sociales, a las que calificó como el «apocalipsis de la vida marina». Para el artista, el país atraviesa una inercia que afecta el tejido social: «Renunciamos al decoro, al refinamiento y a la conversación socrática. Los influyentes de este siglo son cocineros, futbolistas o esclavos de contenidos basureros», disparó desde su gira, que lo traerá a escenarios bonaerenses como el Polideportivo de Mar del Plata (15 de mayo) y el Dow Center de Bahía Blanca (17 de mayo).

Sobre la renovación de su público, poblado ahora por adolescentes que no habían nacido cuando grabó sus clásicos, Calamaro lo vive con naturalidad. «Que el público sea joven es normal. Escuchar música que nunca vimos en vivo propone una dimensión legendaria, como nos pasó a nosotros con Los Beatles o Pescado Rabioso», explicó. A pesar de ser considerado un «prócer», rechaza quedar atrapado en el pasado: «No practico la nostalgia, no me interesa. No suelo añorar tiempos que ya fueron».

El músico también se refirió a la longevidad en el rock, citando a leyendas como Dylan o Jagger. «Estamos condenados a mejorar porque no fuimos genios ni prodigios, aprendimos a la vista de todos», confesó con humildad. En un contexto donde se publican miles de canciones por día en plataformas, Calamaro reivindica el oficio del músico que empezó «gratis y sin esperar caridad», valorando el encuentro sagrado con el público en cada ciudad.

Calamaro llegará a Buenos Aires a fines de mayo con una banda «musculosa» y un repertorio que esquiva la plancha. Entre sus definiciones sobre la política y la cultura, dejó una sentencia que resume su presente: se siente un aprendiz constante que, a los 60 años, sigue buscando el «misterio» de la improvisación en cada escenario.