El gobernador viajará el próximo viernes a la provincia más refractaria al kirchnerismo. Participará de un congreso sindical junto a Héctor Daer y busca tender puentes en un territorio clave para su proyecto presidencial, cuidando las formas con su par cordobés, Martín Llaryora.
Axel Kicillof inicia su fase de expansión federal. Tras un viaje simbólico a Tierra del Fuego, el gobernador de la provincia de Buenos Aires prepara su primer desembarco en Córdoba, un distrito históricamente adverso para el peronismo kirchnerista pero vital en cualquier armado nacional. El escenario elegido será La Falda, donde participará del Congreso nacional de la Federación de Sanidad (FATSA) invitado por el triunviro de la CGT, Héctor Daer. Con una agenda que se maneja bajo estricto hermetismo, el objetivo es claro: empezar a caminar el «impenetrable» cordobés sin romper los puentes con el mandatario local, Martín Llaryora.
La visita se produce en un contexto de reconstrucción para el peronismo bonaerense, que busca recuperar el terreno perdido en Córdoba. En las últimas legislativas de 2025, el espacio apenas superó el 5% de los votos en la provincia, una marca que Kicillof aspira a elevar apostando a una construcción «de abajo hacia arriba». Por eso, además del acto sindical, su equipo evalúa actividades con intendentes de la región, visitas a fábricas o encuentros universitarios que le permitan mostrar una gestión «exportable».
La relación con Llaryora es el eje de mayor cautela. Si bien ambos gobernadores mantienen diálogo directo y comparten el rechazo a las políticas de Javier Milei, el cordobés evita las fotos conjuntas para no «contaminar» su perfil provincial de cara a su propia reelección. En el entorno de Kicillof entienden este juego: el plan es que el bonaerense empiece a ser visto como una alternativa de unidad para el peronismo nacional, alejándose del techo electoral que hoy representa el kirchnerismo duro en el centro del país.
El 2026 está marcado en el calendario platense como el año de la «siembra federal». Tras su paso por Córdoba, Kicillof espera aglutinar a dirigentes y militantes que hoy se sienten huérfanos de liderazgo. «El objetivo es que Axel salga bien parado de Córdoba», confían sus armadores, quienes apuestan a que la presencia física del gobernador empiece a derretir el hielo en la provincia mediterránea.
Con el respaldo de un sector fuerte de la CGT y una estrategia de «paso a paso», Kicillof se aventura fuera de su zona de confort. El desafío no es menor: transformar el rechazo histórico de Córdoba en una plataforma que le permita soñar con la Casa Rosada en 2027.

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