El general Sadio Camara murió tras un ataque coordinado entre grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y rebeldes separatistas. La ofensiva, que incluyó atentados suicidas y la toma de ciudades clave, pone en jaque la alianza de la junta militar con las fuerzas rusas en la región.
El gobierno de Malí confirmó este domingo el fallecimiento de su ministro de Defensa, el general Sadio Camara, tras una serie de ataques simultáneos que golpearon la capital, Bamako, y diversas bases militares en todo el país. La ofensiva marca un punto de inflexión en el conflicto que atraviesa la nación africana, ya que por primera vez se registró una acción conjunta y coordinada entre los rebeldes tuareg del norte y la organización terrorista JNIM, aliada de Al Qaeda.
Según el comunicado oficial, la residencia del general Camara fue blanco de un atentado suicida con coche bomba. El jefe de la defensa resultó gravemente herido tras enfrentarse a tiros con los atacantes, logrando neutralizar a varios antes de ser trasladado al hospital, donde finalmente falleció. Ante la gravedad de la situación, las autoridades decretaron un toque de queda nocturno en el distrito de Bamako para intentar retomar el control de la seguridad urbana.
En el norte del país, la situación es crítica: los separatistas del Frente de Liberación de Azawad (FLA) anunciaron la toma de la ciudad estratégica de Kidal, un bastión que el ejército maliense y mercenarios del Cuerpo Africano ruso habían recuperado en 2023. La retirada de las fuerzas gubernamentales hacia el sur representa un duro golpe para la junta militar y deja interrogantes sobre la capacidad operativa de los socios rusos en el territorio.
Especialistas internacionales advierten que esta alianza entre separatistas y yihadistas no tiene precedentes y busca forzar la salida de las tropas rusas del país. La Comunidad Económica de Estados de África Occidental condenó el baño de sangre y llamó a una movilización regional para combatir el avance de estos grupos armados, cuya actividad ha alcanzado niveles récord de violencia en los últimos meses.
El asesinato de Camara, figura central del régimen militar, deja un vacío de poder en una de las áreas más sensibles del gobierno. Mientras el ejército intenta reposicionarse, la población civil queda atrapada en una escalada bélica que amenaza con desestabilizar no solo a Malí, sino a toda la región del Sahel, en medio de una creciente crisis humanitaria y de seguridad.

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