El secretario de Trabajo, Julio Cordero, propuso que los acuerdos paritarios funcionen solo como un piso mínimo. Con la plena vigencia de la reforma laboral tras un fallo judicial, el Ejecutivo insta a los empresarios a utilizar bonos, sumas fijas y «salarios dinámicos» para recomponer ingresos.
El Gobierno nacional comenzó a delinear un cambio de paradigma en las negociaciones colectivas, alejándose del esquema tradicional de actualización por inflación. El secretario de Trabajo, Julio Cordero, afirmó que el objetivo es que el salario paritario sea considerado el escalón básico de remuneración, incentivando a que las empresas otorguen mejoras adicionales a través de mecanismos como premios por productividad, horas extra y compensaciones por transporte.
Esta nueva visión oficial se produce en simultáneo con un espaldarazo judicial clave: la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo dejó sin efecto la cautelar de la CGT, rehabilitando todos los artículos de la reforma laboral. Esto permite la implementación inmediata del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), el nuevo cálculo de indemnizaciones sin aguinaldo y la creación de bancos de horas, herramientas que el oficialismo considera fundamentales para «modernizar» el mercado y fomentar la contratación.
Desde la Secretaría de Trabajo defendieron sus propias estadísticas frente a los datos del INDEC. Mientras el organismo estadístico registra una caída en el poder adquisitivo, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) —que utiliza el Gobierno— muestra un crecimiento del 3% en los salarios privados registrados al contabilizar componentes variables como bonos. Según Cordero, la reforma laboral vigente otorga a los empleadores la flexibilidad necesaria para aumentar sueldos cuando el negocio lo permita.
En paralelo, el Ejecutivo trabaja junto al Ministerio de Economía y la ARCA en la reglamentación de las rebajas en las cargas patronales. Para el funcionario, el escenario de desempleo actual se mantiene en niveles manejables, y el foco principal de la gestión estará puesto en combatir la informalidad laboral mediante la bancarización y los nuevos incentivos de contratación previstos en la ley.
Con la puesta en marcha de los denominados «salarios dinámicos», el Gobierno apuesta a que la recuperación del ingreso nacional no dependa exclusivamente de las mesas de negociación sindical, sino de la capacidad individual de las empresas para premiar el rendimiento, en un marco de mayor desregulación del mercado de trabajo.

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