La superficie implantada de viñedos se redujo en los últimos años ante una demanda global en retroceso. El rol de los jóvenes, el auge sin alcohol y los nuevos mercados.
El consumo de alcohol atraviesa una transformación global que ya tiene consecuencias concretas sobre la industria vitivinícola. En Argentina, el consumo per cápita cerró 2025 en 15,7 litros por habitante, marcando el nivel más bajo del que se tenga registro frente a los 16,3 litros del año anterior y muy lejos de los 90 litros promedio de la década del 70.
Esta tendencia responde a un cambio cultural profundo impulsado principalmente por las nuevas generaciones, que redujeron el consumo y priorizan opciones vinculadas al bienestar, el ejercicio y alternativas recreativas como el cannabis. Para el enólogo Alejandro Vigil, se trata de «una tormenta perfecta» donde confluyen la coyuntura económica y una modificación estructural en los hábitos sociales.
Un consumidor que toma menos pero elige mejor
El retroceso modificó la forma de consumo: quienes continúan bebiendo lo hacen con menor frecuencia pero destinan una mayor proporción de su presupuesto a segmentos altos y de mayor calidad. A su vez, la industria busca diversificarse mediante productos emergentes, como los vinos sin alcohol, un segmento en crecimiento donde más del 70% de los compradores nunca antes habían tomado vino tradicional.
Impacto en los viñedos y escenarios a contrapelo
El cambio en la demanda impactó de lleno en la estructura productiva. La superficie implantada con vid en Argentina cerró 2025 en 196.220 hectáreas (3.726 menos que el año previo), acumulando el cierre de unos 1.100 viñedos en una década, con fuertes caídas en Mendoza y San Juan. Esta crisis afecta a los principales productores del mundo —como Francia, España, Australia y Estados Unidos—, que también impulsan la reducción de áreas cultivadas ante la menor demanda.
Pese a este panorama de contracción global y a que la vitivinicultura acumuló 41 meses consecutivos en categoría roja según CONINAGRO, Vigil destacó que Argentina se encuentra en su mejor momento histórico en cuanto a calidad y reconocimiento internacional. Al representar apenas el 2,5% del mercado mundial, el país cuenta con una oportunidad única para crecer a contrapelo de la tendencia global apostando fuertemente a la diferenciación y al valor agregado.

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