11 mayo, 2026

«Testigos de yeso»: la desesperada forma de los vecinos de controlar si su edificio colapsa

A un mes del siniestro en el ProCreAr de Parque Patricios, las familias denuncian daños estructurales y exigen poder escriturar para formar su consorcio.

Lo que debía ser el sueño de la casa propia se ha transformado en una pesadilla de hormigón para los residentes de la Torre de Mafalda 907. Tras el derrumbe del estacionamiento y el parque elevado ocurrido el pasado 3 de marzo, el regreso de los vecinos al edificio no trajo alivio, sino una convivencia forzada con el miedo. Hoy, los propietarios monitorean las fisuras de sus paredes con «testigos» de yeso caseros, temiendo que la estructura vuelva a ceder.

El complejo, desarrollado bajo el Plan ProCreAr y levantado por Constructora Sudamericana, presenta un panorama desolador. El «cráter», como llaman los vecinos al vacío dejado por el colapso, sigue siendo una herida abierta donde aún yacen vehículos atrapados. Los residentes que regresaron lo hicieron, en su mayoría, empujados por la falta de ahorros para pagar hoteles o alquileres temporarios, a pesar de notar que las baldosas saltan solas y la humedad devora los cielorrasos.

Las denuncias apuntan a una cadena de negligencias que datan de la entrega de las llaves en 2021. Los propietarios señalan que los reclamos por filtraciones y fallas en los ascensores nunca fueron resueltos con seriedad. A esto se suma un complejo «limbo jurídico»: al no poder escriturar, no logran conformar un consorcio propio y dependen de una administración designada por el Banco Hipotecario, lo que los deja sin herramientas legales para presionar por reparaciones estructurales de fondo.

En el plano económico, la Legislatura porteña aprobó recientemente una ley de alivio impositivo que condona deudas de ABL y Patentes para los afectados. Sin embargo, para los vecinos el beneficio es insuficiente frente a la pérdida patrimonial y el daño emocional. Denuncian que, mientras viven entre escombros y peritajes, siguen pagando expensas de hasta $60.000 por servicios básicos que funcionan de manera deficiente.

El costo humano es la cara más amarga de esta crisis. Entre intentos de suicidio, mascotas que mueren por el estrés del entorno y niños que no pueden dormir por el temor a un nuevo estruendo, la comunidad de Parque Patricios espera una garantía técnica que nadie les ha dado. Mientras tanto, la justicia continúa investigando las causas de un desastre que, para los vecinos, fue un final anunciado.